Desayunos.

Probablemente, el desayuno es la peor comida del día. Es costumbre tomar tostadas con mantequilla y mermelada, croissants, galletas, o cereales con leche y un batiburrillo de frutas, etc. Todos estos productos son combinaciones nada recomendables y con una gran cantidad de azúcar que nuestro cuerpo no necesita. Los dulces mejor los dejamos para celebraciones especiales que es para lo que se inventaron, ¿o habéis visto en alguna película o leído en algún libro que tratan historias de hace 100 en las que tomaran dulces si no celebraban algo? Los fabricantes de estos productos los tienen que vender y darles el protagonismo en una de las comidas del día les ha salido redondo.

La respuesta a qué puedes desayunar es una pregunta: ¿No estaba deliciosa la tortilla de patatas que cenaste anoche o la moussaka del medio día? Deja un trocito para la mañana siguiente. Y, ¿qué me dices del salmón? ¿Y el tahini o un poco de paté de aceitunas o de lentejas rojas con unas tostadas? Y si tomas una infusión y un poco de fruta antes, te sentará de maravilla. ¡Se me olvidaba la tostada con aceite y tomate de toda la vida!

Si este cambio te parece muy radical y te sigue gustando el desayuno “dulce”, te propongo el que tomo yo. Me he aficionado a los copos de mijo cocidos dos minutos en leche de arroz. Copos de todos los cereales lisos y llanos, sin nada más, los puedes encontrar en las tiendas de alimentos ecológicos, herbolarios, etc, afortunadamente ya están bajando de precio y aunque todavía cuesten más que los de supermercado, merece la pena invertir en una de tus necesidades vitales que es comer, ¿a que sí? De vez en cuando también tomo tostadas de pan de centeno con mermelada casera sin azúcar.

A lo mejor, no te apetece comer nada hasta pasadas un par de horas, cuando ya se te “ha despertado” el cuerpo, entonces sería interesantes que te llevaras el desayuno en un paquetito, como en La Casa de la Pradera, y lo disfrutaras en tu momento de descanso.

Cuando trabajaba en Dublín, nos llevábamos la fiambrera al trabajo porque teníamos la suerte de disponer de un comedor muy chulo y compartíamos un ratito muy agradable. Exceptuando España, el horario de comidas del resto del mundo es mejor para la salud, pero mientras no podamos cambiarlo, tendremos que adaptarnos como podamos.

 

 

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