Y, ahora, ¿cómo cocino?

Seguramente, te habrás dado cuenta de que han desaparecido los ingredientes del sofrito y, de repente, te ves empezando de cero. No te preocupes, al principio se hace raro porque parece que cocinamos “sin sustancia”, pero enseguida empezarás a disfrutar de los sabores reales de los alimentos que antes estaban camuflados. Ya has visto en la receta de lentejas que no lleva sofrito y si las has probado, verás que están muy ricas.

El sofrito es una bomba de calor y energía que nuestros abuelos necesitaban para trabajar en el campo o, símplemente, poder pasar los inviernos sin calefacción. Seguimos cocinando igual y recalentamos demasiado nuestro organismo con ingredientes como el ajo, la cebolla y los pimientos.

La forma de cocinar es muy importante porque, como dice la profesora Pilar García Silva, es la alquimia de los alimentos:

  • Los crudos nos refrescan.
  • Los escaldados y salteados mantienen bastante su frescura.
  • Al vapor y hervidos tienden a mantenerse neutros.
  • Los estofados y guisados son más tibios.
  • Los fritos, a la barbacoa, horneados y a la parrilla son los más calientes, por lo tanto, se alejan de nuestro objetivo de neutralidad.

EJERCICIO:

Mira la forma en que cocinas los alimentos de tu lista personal e imagina cómo podrías hacerlos salteados con agua, hervidos o guisados (son las formas más fáciles). Si además te lanzas a hacerlo, fenomenal. En el blog encontrarás recetas para hacerte muchas ideas.

 

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